domingo, 28 de agosto de 2011

Y dos angelotes de la guarda parda,

( arte : jorgelina suarez )


Y dos angelotes de la guarda parda,
dos raros palomos que andaban de trote por la orilla ñata
trajeron -llorando- a la niña en el lomo.
En la cal mulata del último muro, plegando de penas las alas de lata,
grabaron su nombre: María, con balas morenas.
De arena y de frío le hicieron los días, tan duros!
Y, a espaldas del río se junta a la nada,
con una pregunta  bordada en la falda,
la niña María creció en siete días.

domingo, 21 de agosto de 2011

Capitulo 13 - CABALA- ...novela inédita: TURQUEZA ( comparte: claudia migliore)





cap 13. Cábala 




 Las palabras existieron antes que Dios. Él no hubiera podido utilizar la palabra ¨ luz ¨ si ésta no hubiera existido, lo mismo con las palabras cielo, tierra, hijo, padre, por eso las palabras anteceden a toda la doctrina cristiana. Así comencé el escrito borrador para una charla, tipo encuentro literario, al que me había invitado la psicóloga, en otra clínica de atención psiquiátrica. Luego continué, pero no fue esto lo que expuse exactamente…
 Las palabras mágicas son un instrumento cabalístico. Cuando digo: “ilumíname”, frente a la máquina, estoy evocando la palabra “luz”y se carga de toda la simbología, pues luz tiene tres letras y el tres es un número místico:
La santísima trinidad, las tres marías, los tres ángeles, el triángulo del yo soy. 
El triángulo, desde la visión del “yo soy” o yosoy, todo junto, que se lee yosoy al revés y al derecho, se  ubica en la pirámide sagrada del sentido de la perfección. Una cara de la pirámide es el triángulo, en cada  base se  ubican, en una la “y” traducida en “i”, representando al “1”uno y en la otra punta la otra “y” el otro “1”. Por lo tanto las bases del triángulo son dos “1”, uno en cada extremo de la base. En la cumbre del triángulo, en el ángulo superior se  ubica la “o” traducida en “0”, cero. En el centro del triángulo la “s” que acciona como unión. Entonces, uniendo cualquier extremo de la base,”1”, con la cumbre o ángulo superior “0”, se forma el número “10” diez. El número “10” simboliza la perfección, además de que para  los católicos significa los diez  mandamientos. Por esto la carga significativa de evocar  la palabra “luz”o “ilumíname” frente a la máquina.
 Luego, cabe mencionar que las palabras “Jesús” y “amén”, que insisto existían antes que el cristianismo las pronunciara, tiene dos sílabas: Je-sús,  a-mén, tildadas en la segunda sílaba. Para sintetizar la tradición cabalística de estas palabras referencio que dos sílabas es “2” dos, es decir “el bien y el mal”, la tierra y el cielo, acentuando la segunda, es decir mal, cielo, significando que a través del mal no se llega al cielo… expuse cualquier cosa, recapacité después.


Un apartado especial debo dedicar al “7”, que aparece en todas las máquinas de azar, cabe mencionar que el premio es siempre tres sietes, con lo cual se reúnen las cargas significativas de ambos números, el tres y el siete. Pero respecto del “7” son innumerables las influencias simbólicas:
- Las siete maravillas del mundo;
-los siete sabios griegos, Priene, Quimón, Tales de Mileto…
-los siete dioses de la buena suerte,  deidades japonesas , a su vez recibidas de la india, Shichi-fuku-jin, diseñados sentados en  un barco repleto de tesoros… algo tengo que reconocer en cuanto a mi necesidad de apreciar la llegada de barcos y con las esclusas siempre llenas , para que puedan arribar a puerto, se me ocurre que debe tener alguna relación…
-las siete artes liberales del medioevo: gramática, lógica, retórica, música,…
Que según se adelantaron Platón y Aristóteles las siete artes en desarrollo completan la formación en inteligencia y moral.

 Recuerdo que en una oportunidad intentando conversar con otra persona que jugaba en una
máquina contigua, le contaba acerca de la carga significativa del siete, pero sacó de entre su ropa un rosario y me dijo que esa era su única cábala. Yo atiné  a comentarle que los ave maría eran diez ante un padrenuestro y que el diez… prefirió no escuchar mi versión y me  pidió que la dejara jugar sin interrupción porque estaba rezando muy concentrada.

En otro encuentro al que fui invitada para exponer alguna temática de Borges en diversos textos narrativos y poéticos, me terminé abocando al tema de la cábala. Tomé del texto “El incesante” la frase:
   “eres : cada solitario instante  ”

 Lo escribí en una hoja grande y les mostré a los asistentes, que luego de “eres” se podía contabilizar tres palabras, cada-solitario-instante, lo cual tenía un significado que se podía connotar con distintos “3” que se destacaban en Borges:
-”dos es una coincidencia, tres confirma, cierra las cosas…”
-el río de Heráclito, recreación del ayer-hoy -mañana…
Y seguía anotando en otras hojas ejemplos cabalísticos respecto del escritor:
-las tres obras que siempre mencionaba, El Quijote. Macbeth y La Divina Comedia, y que esta última estaba dividida también en tres, el purgatorio, el cielo y el infierno.
- la ceguera,  afectación de tres de sus antepasados;
- los tres colores que decía distinguir, amarillo, azul y blanco;
-las tres ramas de la ficción, la teología, el psicoanálisis y la literatura;
 -los tres directores ciegos de la biblioteca nacional, Groussac, Mármol y Borges.
Así continué hasta darle un cierre a mi exposición con una frase que nunca supe si era o no de Borges pero argumenté que era de él:
“ ..Ya estamos muertos, cuando nada nos toca ni un anhelo, ni una palabra, ni la memoria.”
Tomé  anhelo-palabra-memoria  como la síntesis del “3” en la temática expuesta.

   Cuando tenía la corazonada de que iba a ganar no dejaba de presionar la tecla del “3”, que significaba apuesta triple. La máquina que más rápido me pagó fue el Triple Cash y una de las que también me condenó.

En un casino en Pinamar, creo que pertenecía a  la Costa Atlántica, una mujer y no recuerdo su nombre, pero pude tratarla un rato, pues me invitó en un descanso en el juego, a una especie de casa de té,  aledaña al del casino. Ella tenía cábalas por doquier, una era que si la máquina no le pagaba un premio  interesante durante la primera hora, la dejaba por un rato o el tiempo que tardara en desocuparse , pero pude tratarla un rato, pues me invitó en un descanso en el juego, a una especie de casa de té,  aledaña al del casino. Ella tenía cábalas por doquier, una era que si la máquina no le pagaba un premio considerable durante la primera hora, la dejaba por un rato o el tiempo que tardara en desocuparse si la ocupaban, hasta tres veces. Luego del tercer intento, si seguía sin pagarle, cambiaba de máquina o se retiraba. La conocí mientras hacía uno de esos intervalos, yo había jugado al lado de ella, en una máquina que se tildaba o se borraba el indicador de créditos, a cada rato y había que esperar a que un encargado o asistente viniera a repararla, pero quería seguir en esa. Era una combinación de payasitos como comodines, bares y circos, me palpitaba que iba a pagarme un buen premio. Mientras espero al asistente ella me advierte que siendo lugareña, conocía bastante las máquinas de ese casino, que la que yo había elegido era demasiado lenta para pagar y que si a cada rato la apagaban y prendían, perdía los registros de juego, lo cual hacía demorar u obstruir la salida de los tres comodines. Fue así como me convenció de dejar la máquina de los payasitos, para que vayamos fuera del casino, argumentando que había que esperar a que entre más gente y que las máquinas estuvieran bien cargadas. Asentí y terminamos conversando en la ya nombrada casa de té. Cada una, hizo una síntesis apretada de su historia con el juego, mintiendo, al menos yo lo hice, entre divertimento, pesares, ambiciones, soledades…me apronté en preguntarle acerca de sus cábalas luego de la primera siguieron varias. Ella sólo iba al casino los días impares siempre, el día siete de cada mes era el que más la convencía de poder ganar. Yo le conté un poco acerca de mi teoría del número tres como cábala y quedó muy interesada, puesto que era uno de sus números favoritos. Luego me contó que antes de salir de su casa comía liviano  y  no volvía a comer nada más, solo infusiones y fuera del casino, por más que permaneciera todo el día y la noche, no probaba bocado. Argumentaba que la comida era un símbolo de querer saciar el hambre y lo que ella buscaba era saciarse con el juego, sensación que le proporcionaba lucidez y suerte en la mayoría de las ocasiones. Yo igualmente, no comía en los casinos, más que las masitas que sirven acompañando al café y en rara oportunidad un par de sándwiches  tostados de jamón y queso, me insistió en que probara no comer o hacer lo que me exponía, como cábala infalible. La siguiente exposición que hizo, en verdad no recuerdo bien el orden, fue la de jugar en máquinas que hayan pagado recientemente el premio mayor, ya que contrario a lo que pensaba la mayoría , solían repetir esos premios de inmediato o ya no los volvían a dar por largo tiempo. Por eso en sus recorridas o intervalos estaba atenta a las máquinas que pagaban premios importantes y en esa se instalaba, por una hora y seguía su rutina. 
También  me mostró un pañuelo de seda verde, que siempre llevaba en su bolsillo derecho y que lo cambiaba de bolsillo cuando hubiera recuperado lo apostado. Al recomenzar con pérdidas, lo devolvía a su bolsillo original. Yo le conté que en otro casino de la costa, le había pedido la Biblia a unos vecinos evangelistas, con la excusa de ir a leerla en la playa, la llevé al casino y cada tanto metía la mano en la mochila la sujetaba fuertemente y repetía o inventaba oraciones, encomendándole a la Biblia que me hiciera ganar, mal no me fue pero no logré ganar nada tampoco. Continuó con lo de prender velas azules, que significaban búsqueda de respuestas, los días pares, que juntaba los restos de velas derretidas los guardaba en una bolsita y al día siguiente, antes de ingresar al casino iba hasta el mar y arrojaba esos restos de vela al agua, acompañando al  acto se mojaba la cara con agua de mar, a modo de bautismo, decía. Llevaba a cabo este ritual desde la muerte de su marido, no me animé a preguntarle cuánto tiempo hacía, supuse que bastante.
Por último sugirió volver al casino, habíamos estado unas dos horas fácilmente  conversando
Y me quedé con ganas de saber más, incluso para adoptar nuevas cábalas, como lo venía haciendo con cada una que me enteraba o me transmitían, al menos las tenía en cuenta.
Al entrar me propuso ir a la ruleta,
yo le aclaré que no era de mi predilección, pero que aceptaba la propuesta. Ni bien nos acercamos a la mesa, el crupier indica que se hagan las apuestas, ella me dice al oído, pensá en rojo, imagináte todo rojo, trasladáte a un paisaje en rojo, apostá a un número rojo y al color. No se porqué rebeldía le aposté al negro, y puse un pleno en el once, todo se efectuaba desde el visor individual, digital. Ella siguió mi jugada pero apostó todos los créditos que compró al negro y al once le apostó también. Fue un instante en que no entendí para qué me pedía que yo focalicé el rojo, si ella misma desistió del rojo e imitó mi jugada con el color negro. Debería haber apostado al rojo me repetía yo sin entender nada. La voz del crupier al detenerse la bolilla electrónica no anunció nada como yo creía que debía ser. Es más, no había crupier sino vendedor de créditos y fue la máquina la que anunció negro y ya no pude escuchar que número, pero al ver mi visor de créditos observé que había ganado, no entendía bien cuánto era eso en dinero, parecía mucho. Ella me abrazó y me dijo: “ganamos, ahora volvamos a las máquinas tragamonedas”. Le pregunté por qué y me respondió que se había cumplido la cábala de concentrarse en el punto opuesto exactamente al apostado, que no se podía infringir esa cábala en la ruleta, porque se revierte la suerte instantáneamente si no nos retiramos…, así ella jugaba en la ruleta.

Yo tenía el pasaje de vuelta para la media noche así que no pude permanecer en el lugar y con ella mucho tiempo más. Intercambiamos números de teléfonos, que nunca utilizamos para llamarnos. Las historias en los casinos, cuando uno es visitante o no es asidua al sitio,   terminan con la última apuesta y adiós. Así incursioné en una ruleta electrónica y me había quedado con muchas ganas de seguir apostando, pero no, salí de ese casino con los minutos contados para subir al micro.

Volviendo a referenciar el número tres y mis obsesiones, ocurrió que durante un reencuentro telefónico con Ariel, el último creo, cuando le recriminé que él no había estado ni cerca, durante las internaciones..que fueron tres …entonces se desató compulsivamente mi discurso,  le argumenté que no era casual que hayan sido tres las internaciones. Él me pidió que no diga estupideces, pero yo continué: sí, no apareciste ni para alcanzarme algún libro, encima la primera fue día 27-9, la segunda el 21-12 y la tercera el 3-3 es una estupidez que todas sean múltiplo de tres?  
Quiero decirte que hace tres meses que no tengo noticias tuyas y en cada recuperación fui hasta tu casa, fui tres veces y no te encontré. Fueron tres las notas que te dejé, la última hace  tres meses cuando supe que habías aparecido por la casa, en la que ya no vivo. Trató de interrumpirme, diciéndome que yo estaba articulando cualquier cosa, repitiendo “cualquier cosa” enfurecido, entonces continué: nunca te pude explicar mi interpretación de estas cuestiones, es más lo más grave es que me dediqué a jugar, al azar, siguiendo en cierta medida … “basta” me gritaba, “estás completamente loca”. Llegué a argumentarle que tampoco era casual que nuestra relación hacía tres años se había iniciado, creo que en ese instante cortó o apagó su teléfono celular, pues por más que lo intenté no pude terminar mi exposición. También quería decirle que en los dos quirófanos en que me habían intervenido quirúrgicamente, las luces de las pantallas eran tres, los números de camas de internación habían sido el 47 en la primera y el 10 en la segunda… qué sentido tenía continuar el análisis o la interpretación cabalística que ni yo ya podía resistir.

sábado, 20 de agosto de 2011

"... y comprendí que el libro era monstruoso"




(
 comparte: claudia migliore


 El libro de arena
... thy rope of sands...
George Herbert (1593-1623)
La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de
líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número
infinito de volúmenes... No, decididamente no es éste, more geometrico, el mejor modo
de iniciar mi relato. Afirmar que es verídico es ahora una convención de todo relato
fantástico; el mío, sin embargo, es verídico.
Yo vivo solo, en un cuarto piso de la calle Belgrano. Hará unos meses, al atardecer, oí
un golpe en la puerta. Abrí y entró un desconocido. Era un hombre alto, de rasgos
desdibujados. Acaso mi miopía los vio así. Todo su aspecto era de pobreza decente.
Estaba de gris y traía una valija gris en la mano. En seguida sentí que era extranjero. Al
principio lo creí viejo; luego advertí que me había engañado su escaso pelo rubio, casi
blanco, a la manera escandinava. En el curso de nuestra conversación, que no duraría
una hora, supe que procedía de las Orcadas.
Le señalé una silla. El hombre tardó un rato en hablar. Exhalaba melancolía, como yo
ahora.
—Vendo biblias —me dijo.
No sin pedantería le contesté:
—En esta casa hay algunas biblias inglesas, incluso la primera, la de John Wiclif. Tengo
asimismo la de Cipriano de Valera, la de Lutero, que literariamente es la peor, y un
ejemplar latino de la Vulgata. Como usted ve, no son precisamente biblias lo que me
falta.
Al cabo de un silencio me contestó.
—No sólo vendo biblias. Puedo mostrarle un libro sagrado que tal vez le interese. Lo
adquirí en los confines de Bikanir.
Abrió la valija y lo dejó sobre la mesa. Era un volumen en octavo, encuadernado en tela.
Sin duda había pasado por muchas manos. Lo examiné; su inusitado peso me
sorprendió. En el lomo decía Holy Writ y abajo Bombay.
—Será del siglo diecinueve —observé.
—No sé. No lo he sabido nunca —fue la respuesta.              
 Lo abrí al azar. Los caracteres me eran extraños. Las páginas, que me parecieron
gastadas y de pobre tipografía, estaban impresas a dos columnas a la manera de una
biblia. El texto era apretado y estaba ordenado en versículos. En el ángulo superior de
las páginas había cifras arábigas. Me llamó la atención que la página par llevara el
número (digamos) 40.514 y la impar, la siguiente, 999. La volví; el dorso estaba
numerado con ocho cifras. Llevaba una pequeña ilustración, como es de uso en los
diccionarios: un ancla dibujada a la pluma, como por la torpe mano de un niño.
Fue entonces que el desconocido me dijo:
—Mírela bien. Ya no la verá nunca más.
Había una amenaza en la afirmación, pero no en la voz.
Me fijé en el lugar y cerré el volumen. Inmediatamente lo abrí. En vano busqué la figura
del ancla, hoja tras hoja. Para ocultar mi desconcierto, le dije:
—Se trata de una versión de la Escritura en alguna lengua indostánica, ¿no es verdad?
—No —me replicó.
Luego bajó la voz como para confiarme un secreto:
—Lo adquirí en un pueblo de la llanura, a cambio de unas rupias y de la Biblia. Su
poseedor no sabía leer. Sospecho que en el Libro de los Libros vio un amuleto. Era de la
casta más baja; la gente no podía pisar su sombra, sin contaminación. Me dijo que su
libro
Me pidió que buscara la primera hoja.
Apoyé la mano izquierda sobre la portada y abrí con el dedo pulgar casi pegado al
índice. Todo fue inútil: siempre se interponían varias hojas entre la portada y la mano.
Era como si brotaran del libro.
—Ahora busque el final.
También fracasé; apenas logré balbucear con una voz que no era la mía:
—Esto no puede ser.
Siempre en voz baja el vendedor de biblias me dijo:
—No puede ser, pero es. El número de páginas de este libro es exactamente infinito.
Ninguna es la primera; ninguna, la última. No sé por qué están numeradas de ese modo
arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten
cualquier número.
Después, como si pensara en voz alta:
—Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es
infinito estamos en cualquier punto del tiempo.
Sus consideraciones me irritaron. Le pregunté:
—¿Usted es religioso, sin duda?
—Sí, soy presbiteriano. Mi conciencia está clara. Estoy seguro de no haber estafado al
nativo cuando le di la Palabra del Señor a trueque de su libro diabólico.
Le aseguré que nada tenía que reprocharse, y le pregunté si estaba de paso por estas
tierras. Me respondió que dentro de unos días pensaba regresar a su patria. Fue entonces
cuando supe que era escocés, de las islas Orcadas. Le dije que a Escocia yo la quería
personalmente por el amor de Stevenson y de Hume.
—Y de Robbie Burns —corrigió.
Mientras hablábamos yo seguía explorando el libro infinito. Con falsa indiferencia le
pregunté:
—¿Usted se propone ofrecer este curioso espécimen al Museo Británico?
—No. Se lo ofrezco a usted —me replicó, y fijó una suma elevada.
Le respondí, con toda verdad, que esa suma era inaccesible para mí y me quedé
pensando. Al cabo de unos pocos minutos había urdido mi plan.
—Le propongo un canje —le dije—. Usted obtuvo este volumen por unas rupias y por
la Escritura Sagrada; yo le ofrezco el monto de mi jubilación, que acabo de cobrar, y la
Biblia de Wiclif en letra gótica. La heredé de mis padres.
—A black letter Wiclif! —murmuró.
Fui a mi dormitorio y le traje el dinero y el libro. Volvió las hojas y estudió la carátula
con fervor de bibliófilo.
—Trato hecho —me dijo.
Me asombró que no regateara. Sólo después comprendería que había entrado en mi casa
con la decisión de vender el libro. No contó los billetes, y los guardó.
Hablamos de la India, de las Orcadas y de los jarls noruegos que las rigieron. Era de
noche cuando el hombre se fue. No he vuelto a verlo ni sé su nombre.
Pensé guardar el Libro de Arena en el hueco que había dejado el Wiclif, pero opté al fin
por esconderlo detrás de unos volúmenes descabalados de Las mil y una noches.
Me acosté y no dormí. A las tres o cuatro de la mañana prendí la luz. Busqué el libro
imposible, y volví las hojas. En una de ellas vi grabada una máscara. El ángulo llevaba
una cifra, ya no sé cuál, elevada a la novena potencia.
No mostré a nadie mi tesoro. A la dicha de poseerlo se agregó el temor de que lo
robaran, y después el recelo de que no fuera verdaderamente infinito. Esas dos
inquietudes agravaron mi ya vieja misantropía. Me quedaban unos amigos; dejé de
verlos. Prisionero del Libro, casi no me asomaba a la calle. Examiné con una lupa el
gastado lomo y las tapas, y rechacé la posibilidad de algún artificio. Comprobé que las
pequeñas ilustraciones distaban dos mil páginas una de otra. Las fui anotando en una
libreta alfabética, que no tardé en llenar. Nunca se repitieron. De noche, en los escasos
intervalos que me concedía el insomnio, soñaba con el libro.
Declinaba el verano, y comprendí que el libro era monstruoso. De nada me sirvió
considerar que no menos monstruoso era yo, que lo percibía con ojos y lo palpaba con
diez dedos con uñas. Sentí que era un objeto de pesadilla, una cosa obscena que
infamaba y corrompía la realidad.
Pensé en el fuego, pero temí que la combustión de un libro infinito fuera parejamente
infinita y sofocara de humo al planeta.
Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque. Antes de
jubilarme trabajaba en la Biblioteca Nacional, que guarda novecientos mil libros; sé que
a mano derecha del vestíbulo una escalera curva se hunde en el sótano, donde están los
periódicos y los mapas. Aproveché un descuido de los empleados para perder el Libro
de Arena en uno de los húmedos anaqueles. Traté de no fijarme a qué altura ni a qué
distancia de la puerta.
Siento un poco de alivio, pero no quiero ni pasar por la calle México.
                                    
Jorge Luis Borges

viernes, 12 de agosto de 2011

Rebelión en las ondas - Un día me desperté y comprendí que nunca sería normal

Pump Up the Volume rebelion en las ondas 1

( de la pelicula:sube el volumen)



Rebelión en las ondas - Un día me desperté y comprendí que nunca sería normal
Y CÓMO ES? EL AHORA TIENE LA RESPUESTA: SUBAN EL VOLUMEN!!!!! " REBELIÓN CONTRA ES *SIN SENTIDO* ( LA MENTIRA ES "UN VIRUS"?)

Leonard Cohen - Todo el mundo lo sabe: la mentira es un virus

Leonard Cohen - Todo el mundo lo sabe

Rebelión en las ondas - Un día me desperté y comprendí que nunca sería normal
Y CÓMO ES? EL AHORA TIENE LA RESPUESTA: SUBAN EL VOLUMEN!!!!! " REBELIÓN CONTRA ES *SIN SENTIDO* ( LA MENTIRA ES "UN VIRUS"?)

 ( escuchá y lee esta canción de la pelicula " suban el volumen")


jueves, 11 de agosto de 2011

volantes de candidatos vuelan.. A ELEGIR?? ... EL PAIS DE LAS ÚLTIMAS COSAS???


"El país de las últimas cosas" o la enfermedad terminal de la modernidad 
                                                                                                                     





El País de las últimas cosas (Paul Auster)  FRAGMENTO TEXTUAL..(  un libro ..que recomiendo!!!!!)
Anna le cuenta a su novio en una carta, lo que ocurre en el país de las últimas cosas. Fue allí a buscar a su hermano, desaparecido después de unos cuantos informes a su periodico, ella quiere encontrarle, descubrir qué ocurre. Se encuentra entonces en un país devastado, lugares que un día están al siguiente día han desaparecido, algunas personas buscan sobrevivir, pero muchas buscan la muerte, contratando al club del asesinato, para que alguien les asesine un día sin aviso, o recurriendo a las clínicas de eutanasia, que si tienes mucho dinero te hacen morir viviendo el mejor sueño, la mejor de tus fantasías.

"Estas son las últimas cosas. Desaparecen una a una y no vuelven nunca más."
Ahora su obsesión principal consiste en decidir qué hare­mos una vez que hayamos salido de la ciudad. Casi cada mañana sale con un nuevo plan, cada uno más absurdo que el anterior. El más reciente es el colmo, pero creo que en el fondo, es en el que tiene más fe. Pretende que entre los cuatro creemos un espectáculo de magia y que reco­rramos el campo interpretándolo a cambio de comida y alojamiento. Por supuesto, él será el mago, vestido con traje de etiqueta y chistera de seda; Sam será el prego­nero; Victoria, la administradora; yo, la ayudante que se pavonea con un breve vestido de lentejuelas. Mi función consistirá en pasarle los instrumentos al maestro, y para el gran final, me meteré en una caja de madera y seré se­rrada en dos. Entonces seguirá una larga y emocionante pausa, y justo cuando se hayan perdido todas las esperan­zas, saldré de la caja, en actitud triunfante, soplando be­sos a la multitud con una sonrisa esplendorosa y artificial. Teniendo en cuenta el futuro que nos espera, es agra­dable tener estos sueños ridículos. Ya parece que el des­hielo es inminente e incluso es probable que salgamos mañana por la mañana. Eso es lo que convinimos antes de irnos a la cama: si el cielo parece prometedor, nos iremos sin más discusiones. Ahora es de noche y el viento sopla a través de las grietas de la casa. Todos los demás están dor­midos y yo estoy sentada abajo, en la cocina, tratando de imaginar lo que nos espera en el futuro. No puedo imaginarlo, no puedo ni siquiera comenzar a pensar en lo que sucederá allí afuera. Todo es posible, y eso es práctica­mente lo mismo que nada, casi como nacer en un mundo que nunca ha existido. Tal vez cuando salgamos de la ciu­dad, encontremos a William, pero intento no hacerme demasiadas ilusiones. Ahora todo lo que pido es tener la oportunidad de vivir un día más.
Ésta es Anna Blume, tu vieja amiga, desde otro mun­do. Una vez que lleguemos a nuestro destino, intentaré volver a escribirte, te lo prometo.

 RESEÑA:


No es una novela de ciencia-ficción, aunque haya sido considerada así y tenga algún punto de contacto con esta modalidad. Si bien se puede suponer que transcurre en el futuro, nada indica que el resto del mundo donde se sitúa el país de las últimas cosas sea distinto del nuestro. Simplemente, es la versión degradada del mundo actual y funciona como un temible augurio de lo que podría sucederle (sucedernos). No sólo no hay seres extraterrestres (aunque este no es un componente imprescindible de la novela de ciencia-ficción), sino que no son necesarios porque el ser humano se ha vuelto la peor amenaza para sí mismo y está consumando la destrucción de su propia civilización: “La ciudad parece estar consumiéndose poco a poco, pero sin descanso, a pesar de que sigue aquí” (33). No hay enemigos exteriores porque el hombre es su propio enemigo. Es la propia dinámica interna del sistema la que lo lleva a su degradación.
El país de las últimas cosas es la pesadilla y el castigo de la sociedad de consumo. Nada peor para la ahíta población del Primer Mundo que verse condenada a vivir como en el Tercer Mundo (aunque este ahora, con la desaparición del sistema comunista, haya “mejorado” su posición en el ranking y ascendido al segundo lugar). La sociedad de consumo no podía tener otro infierno que el del no consumo. Un infierno moderno, terrenal y carente de toda finalidad y trascendencia. Un infierno moderno que, coherentemente, hallará su expresión en una forma igualmente moderna (y postmoderna): no en una grandiosa epopeya trasmundana como la de Dante, sino en la mucho más modesta y antiheroica epístola-novela de una simple muchacha que, quizás, ni siquiera haya logrado retornar.
Ni valores, ni ideales, ni afectos. Los habitantes del país de las últimas cosas son como sombras sin identidad ni perspectivas a largo plazo. Tampoco tienen futuro, porque
Al final de la novela no sabemos si el personaje logró retornar. Pero sí hemos recibido su mensaje y en eso radica su costosa victoria (la dignidad siempre es costosa, por eso no es bienvenida en la sociedad de consumo, que la considera gasto; así nos va). Al convertirse en narradora, Anna restableció la unidad que había ido a buscar entre vivencia (personaje) y conciencia (narrador). El texto es su hijo. Y es también la demostración más acabada de la indómita condición del ser humano. Porque en el país de las últimas cosas, Anna fue capaz de decir la última palabra.
                                                                             .
..Que lo disfruten o lo sufran.. .. leer o releer elección reelección literatura-ficción..** no menos ficción que  un pais en época de elecciones?? LIBRES TODOS

miércoles, 10 de agosto de 2011

Acerca de la Abdicación del Enano-La nave de los Insanos pierde a su Rey.

 Miró desconsoladamente buscando tan sólo una respuesta en la bruma.
  No había reino gobernable,era el reino de sus dolores sumado al reino de todos los dolores de todos los malditos orates.Volvió a llorar espasmodicamente.Convulsión en cuerpo y alma,y los vómitos...los  nauseabundos vómitos contaminaron la cubierta y los sucio ropajes del imbécil individuo barbado vestido de mujer, que intentaba calmar los horrores del enano,sujetándolo para que no  moviera las pequeñas extremidades que lanzaban violentos golpes a la nada.

         
 El patético energúmeno logró escabullir su cuasi humanidad,arrojó su corona de hojalata por la borda y comenzó a autoflagelarse golpeándose con su manos y estrellándose reiteradamente contra el palo mayor de la pestífera nave.Gritaba...¡Sì!...Gritaba e insultaba a los copuladores que lo habían engendrado y arrojado a tal ominoso escenario.El manco babeaba y  se lamentaba, blasfemando su ira provocada por la impotencia de sus carencias aladas.

 Eric von Bibert

viernes, 5 de agosto de 2011

¿Eric von Bibert?

 Y eligió aquel lugar del carromato sucio donde las estrellas se opacaban.
   
                         Escapando del bardo que divertía a los habitantes del burgo, reconocería tal vez la importancia de esos episodios.
       Tus Iscariotes, tus acciones,tus vendavales, fueron  convertidos en brisas primaverales por aquella  caricia inesperada.
                                      No hay anocheceres sin muertes...no es posible evadirse en  ágoras de diversión mundana.
                                                  La presencia irremediable espera activamente la orden y la sentencia.

    Insomnio,vasos de agua,dolores inexplicables,las noches terminan en amaneceres inconsistentes.
 
                              No hay café para el desheredado por la fortuna explicada por Boecio.
    Los asquerosos manteles de la pocilga, solían recordarle que aquella  soledad ahogada en  centenar de vasos,resucitaría sin motivos aparentes para expulsarlo, suave y delicadamente al límite fronterizo, lugar donde las sirenas siguen cantando y devorando la ingenuidad del idiota que todavía guarda como preciado tesoro irrefutable, el elixir que provoca un precario entendimiento de este devenir que nos somete con su impiedad.

  Eric von Bibert

                                                                 

lunes, 1 de agosto de 2011

le mirò las pienas..

le mirò las pienas..
..la minifalda de raso violeta le sujetaba la cadera..no se desliza más que hasta
ahí..al muchacho se le irritan los ojos no tan solo por mirarla..sino por las horas
extras pintando el interminable muro..pero juntó hasta el último billete -que
enroscados con un banda elástica -sujeta en el bolsillo del jean..
..antes de salir puso a calentar la hoya grande con agua..para poder bañarse en
serio-compró colonia y shampoo-en el baño o especie de baño de la pensión del
chileno era de sortear-se el agua y los turnos..él mientras esperaba su turno se
cepilló las uñas hasta lastimarse las cutículas..igual le seguía quedando raya
de pintura encarnada debajo las uñas..
..apoyado en la barra estira los puños de la camisa se seda..para tapar manchas
de pintura y la falta de reloj..
le mirò las piernas a la pelirroja…pidió un whisky- el primero- ensanchándose
de hombros lo bebió en dos tragos y pidió otro con hielo..estiro el cuello para
localizarla y con una seña sutil la invitó a una copa..por mas que se estirara la
pelirroja más sus tacos le llevaban cabeza y media..
..la madama le entregó la pulsera símil plata- como acostumbran por cada
incitación de copas- le hizo un gesto como de guiño condescendiente-…
el muchacho después del tercer whisky ya con o sin hielo..la invitó a otra copa
y la madama al entregarle a la pelirroja otra pulsera -le murmuró con la
sonrisa sobre remarcada de rush pastoso- “a este te lo llevàs al fondo”..
pero la invitó a otra copa y ella se disculpó para ir al toilette “no me extrañes
amor ya vuelvo”..se empolvó la nariz- corrigió el delineado de los ojos y
aspirò..
..le mirò las piernas que al volver -la pelirroja- reposó sobre y entre las piernas
con jean nuevo-el de salir-que le raspó la media fina descorriendo unos hilos ella
no le dio importancia y sello el fucsia de sus labio en la nuca del
muchacho.. que ya comenzaba a ver como nubloso y espeso.. distingue los
breteles deslizados y siente sus manos ásperas acariciadas por ella- le da un
poco de pudor y le muestra las manos agrietadas ..ella sigue entrelazándose
con sus piernas de medias finas negras..hasta que acomoda su cadera sostenida
por la escueta minifalda violeta-sobre una de las piernas del muchacho que
comienza a temblar- mientras ella le acaricia la entrepierna- el muchacho ya no

puede manejar su torpeza-cansancio y voltea un vaso con whisky sobre labarra..
..la madama -atenta a sus chicas- desvía la atención hacia la pelirroja y le
hace otro gesto..el muchacho intenta disculparse y ella le pregunta al oído
suavemente “ querès pasar”..
..el muchacho saca con su mano`hùmeda el rollito de billetes -sujetos con la
goma elástica - lo desata ante la madama..mientras la pelirroja le cascabelea
en las orejas..
..la madama aprueba con la mirada-luego de contar y acomodar los billetes se
acerca a la chica y le aclara que sea rápido..pasan por atrás de la barra hacia
el fondo..
..le mirò las piernas pálidas ya sin medias finas negras..
..las rendijas de la persiana avisadoras del día.. y le serpentearon los rayos de
luz sobre los ojos irritados-rojizos-en el cuerpo cansado..
..al muro lo ve más alto y ancho..en tanto revuelve los tachos de pintura que
dejó destapados y al intemperie..


 claudia migliore

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